El ejercicio de nuestra profesión, de todas las profesiones, demanda de quien la ejerce, dos cualidades principales: conocimientos y ética. La primera se aprende y con la segunda se nace y se moldea.
No es pecado recibir o conocer información privilegiada. De hecho, no sólo la recibimos, como es el caso de informes que se nos dan o de asuntos que vemos o discutimos en una reunión de negocios o en una junta de Consejo de Administración, sino que con frecuencia la buscamos y la encontramos legítimamente.