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Reflexiones en torno a los nuevos retos en la docencia en contaduría
escrito por CP y MA Roberto Celaya Figueroa   
jueves, 01 de abril de 2004

 

ImageSi bien una o dos décadas no son suficientes para evaluar el desarrollo de una profesión, sí son suficientes para cambiar el enfoque, ritmo y los requerimientos de esta. A partir de la década de 1970 y con mayor intensidad desde la década de 1980, comienzan a darse en el mundo una serie de cambios que vienen a impactar...

 

Si bien una o dos décadas no son suficientes para evaluar el desarrollo de una profesión, sí son suficientes para cambiar el enfoque, ritmo y los requerimientos de esta. A partir de la década de 1970 y con mayor intensidad desde la década de 1980, comienzan a darse en el mundo una serie de cambios que vienen a impactar todos los ámbitos del quehacer humano, incluyendo a la profesión contable. Estos cambios han determinado las características del proceso que se ha llamado globalización y de la época actual llamada la era de la información.
La globalización, es el fenómeno resultado de la creciente integración de las economías de todo el mundo en forma económica, financiera y cultural, al promover la especialización de las personas y las empresas explotando de esta forma las ventajas comparativas de las naciones; este fenómeno ha matizado las últimas décadas en lo que se ha venido a conocer como la era de la información. Esta era ha transformado profundamente las formas de hacer las cosas en los trabajos incrementado la complejidad y obligando a enfrentarla a través de una innovación constante, un espíritu creativo y nuevas maneras de pensar donde la educación y el acceso a información vienen siendo las variables claves a impulsar para llegar a ser generadores y partícipes de los cambios que se gestan.
Los dos paradigmas. Las características de esta era de la información rompen de lleno con los paradigmas que hasta ahora se han venido manejando en cuanto a las maneras y objetivos de hacer las cosas como se muestra en la tabla siguiente, después de todo los saberes son efímeros, las capacidades se cambian en corto plazo por otras, y la consecución de un empleo ya no está fincada en la posesión de un título o de una certificación académica, sino más bien en una efectiva adquisición de actitudes, aptitudes y conocimientos

Los dos paradigmas

Paradigma tradicional    Paradigma del futuro
Economía basada en productos
Control centralizado
Rigidez
Control de calidad del producto
Fragmentación de tareas y responsabilidades
Trabajadores especializados
Confrontación
Fuerza laboral como un gasto
Promoción por antigüedad
Capacitación por excepción
Exigencia de calificación mínima    Economías basadas en información
Descentralización
Flexibilidad
Control en toda la línea de productos
Equipos de trabajo
Trabajadores entrenables con múltiples competencias
Cooperación
Fuerza laboral como una inversión
Promoción por competencia verificada
Capacitación como regla
Exigencia de competencias básicas

Lo anterior ha generado nuevos y fascinantes retos para la educación superior donde se deben enfrentar tanto la ineficiencia externa, la ineficiencia interna, la baja calidad, la iniquidad y la limitada capacidad de gestión institucional de los sistemas; así como cambiar de un paradigma educativo enfocado en la enseñanza a otro enfocado en el aprendizaje, de uno de estructuras rígidas a uno de estructuras flexibles, de un enfoque centrado en el maestro a uno centrado en el alumno, y de una enseñanza que no cumple con las expectativas del alumnado y de la sociedad, a un proceso basado en la formación de competencias profesionales que mira a las personas como entes complejos y completos.
Si bien es cierto que la profesión contable se caracteriza por ser una de las más actualizadas, modernas y mejor normadas y organizadas en la actualidad, también es cierto que existe una  carencia de propuestas, sobre todo en el área docente-formativa realmente creativas y holísticas, que consideren tanto las necesidades y características humanas como profesionales-laborales, para enfrentar los nuevos retos formativos en la actualidad.
Las consideraciones anteriores exigen ser abordadas de una manera integral disgregando los elementos que confluyen el proceso enseñanza-aprendizaje en  resultados u objetivos que se persiguen, actores que participan y el proceso en sí mismo a través de una educación basada en competencias que se complemente con la filosofía humanista y que integre los más recientes descubrimientos y avances neurofisiológicos acerca de la manera de generar, transmitir, procesar, y asimilar información.
Retos para la contaduría. Las conclusiones y exigencias del apartado anterior son aplicables a todo el ámbito de la educación superior y, por consiguiente, a la formación de los futuros profesionales de la contaduría pero, además, la contaduría pública enfrenta retos específicos que se deben tomar en cuenta a la hora de pensar en estrategias educativas, sobre todo con la finalidad de que la formación del Contador Público sea práctica, amena y cotidiana, en otras palabras, que el propio alumno vaya autodescubriendo los principios básicos y lógicos que están detrás de la profesión.
Éticamente, el Contador Público que trabaja como docente debe ser capaz de fomentar en sus alumnos ese espíritu inquisitivo, creativo y dinámico de la profesión acorde a los nuevos tiempos. En este sentido son interesantes los postulados manejados por los diferentes organismos profesionales en el ámbito internacional. El Instituto Mexicano de Contadores Público integra en su Código de Ética en sus artículos 4.01 al 4.06, especificaciones claves acerca del Contador Público en la Docencia, es así como se establece que éste debe: 1). Orientar a sus alumnos para que actúen de acuerdo a las normas de ética profesional; 2), Mantenerse actualizado; 3). Dar a sus alumnos un trato digno y respetuoso; 4). Manejar casos reales cuidando el secreto profesional; 5). Abstenerse de hacer comentarios negativos sobre los alumnos, catedráticos u otros contadores públicos; y 6). Mantener una posición de independencia mental y espíritu crítico.  De la misma forma, la American Accounting Association, en sus Proposed Statement of Responsibilities,   señala que el Contador Público debe: 1). Fomentar el aprendizaje y el desarrollo de habilidades profesionales en sus alumnos; 2). Desarrollar en los estudiantes la valoración de la ética y el profesionalismo así como la especialización técnica; 3). Crear un ambiente de clase libre de prejuicios y que promueva la honestidad y el desarrollo personal; 4). Insistir en la excelencia al mismo tiempo que trata a sus alumnos con dignidad; y 5). Mantener su competencia profesional, entre otras obligaciones.
Aunado a lo anterior, los nuevos profesionistas de la contaduría están obligados a tener visión de largo plazo, estar orientados al futuro, saber manejar las innovaciones, tener un sentido innovador, ser capaz de dar respuestas rápidas, tener estrategias para dirigir y  generar resultados, ser capaz de identificar las necesidades y proponer soluciones, aprovechar las oportunidades eliminando deficiencias, redimensionar sus funciones para trabajar con los clientes, manejar el concepto de hombres de negocios, flexibles en la toma de decisiones y conocedores del entorno de la empresa fungiendo como asesores de negocios con un perfil ejecutivo.  
El Contador Público del siglo XXI debe ser un profesional asociado a la empresa, responsable del óptimo aprovechamiento de la información disponible, mejor interpretación, flexible en la toma de decisiones y conocedor del entorno de la empresa, es decir, debe fungir como un asesor de negocios con un perfil ejecutivo, no operativo.  Debe tener hábitos de comportamiento eficaz; que sean limpios, ordenados, puntuales; que tengan amor al trabajo, responsabilidad; espíritu de superación, honestidad y respeto; que exista en ellos el espíritu innovador y emprendedor para que la gente que sale del sistema educativo los pueda usar; y, por último, que tengan la habilidad de aprender por su cuenta.  Asimismo, que sea un profesionista con ética, pero de una nueva ética, que ya no encuentra su modelo en las morales tradicionales ni en las modernas del deber laico, rigorista y categórico y, sin embargo, abreva de las dos.
En este mismo sentido, el proceso formativo debe ser capaz de identificar las necesidades de las empresas y formar profesionales para el futuro; para ello, la cercanía de las empresas con las universidades, el trabajo colegiado con los socios de los despachos de Contadores Públicos y la participación de las universidades en los colegios y organismos profesionales se vuelve indispensable para detectar las nuevas competencias que el ejercicio de la profesión requiere, debiendo promover el desarrollo de aptitudes, adquisición y generación de conocimientos, así como modificación de actitudes mediante métodos de aprendizaje.
En este sentido, los métodos de enseñanza superior deben ser revisados cuando la sociedad empieza a demandar nuevos modelos metodológicos destinados a mejorar la formación; estos nuevos modelos deben: 1) Centrar la formación y los programas en el estudiante y no en el profesor; 2). Otorgar importancia al aprendizaje “por problemas” en lugar de la enseñanza memorística; 3). Ofrecer a los estudiantes elementos para la reflexión y condiciones para el entrenamiento en la resolución de problemas; 4). Crear un ambiente de aprendizaje que empuje a los estudiantes en el camino de la autoformación; 5). Prescindir de los exámenes repetitivos que evalúan la capacidad de memoria por otras evaluaciones más completas que integren conocimientos, habilidades y actitudes,   teniendo en cuenta que la sociedad demanda de preferencia profesionales con estudios de ciclo corto y con amplio bagaje cultural generalista para distintos cargos directivos, siempre que tengan una buena formación y capacidad analítica, gran receptividad e independencia.  
Por último, es necesario que los docentes sean capaces de responder a los nuevos retos que presenta la formación del Contador Público con propuestas creativas, innovadoras, holísticas y eficientes; mediante la constante actualización e investigación profesional, así como la apertura mental y la reflexión personal, como elementos indispensables para su labor educativa; después de todo esa es su función: educar para trascender.


  1.       Fermoso, Julio, “Las nuevas demandas en la formación”, Educar ¿para qué?, Fernando Solana (Compilador), Noriega Editores, México, 2000, p. 125.
  2.       Prawda, Juan, “Educación, productividad y empleo: retos para el sistema educativo”, Educación, Productividad y Empleo, Fernando Solana (Compilador), Fondo Mexicano de Intercambio Académico/Universidad Autónoma de Nuevo León/Editorial LIMUSA, S.A. de C.V., México, 1998, p. 135.
  3.       Celaya Figueroa, Roberto, Contabilidad Financiera, Boletines Serie “C” Y “B-12”, Aplicación Práctica Sus Reglas Particulares, Editorial Pearson Prentice Hall, México, 2001, p. xvi
  4.       Instituto Mexicano de Contadores Públicos, Código de Ética Profesional, México, Octubre de 2000, p. 19
  5.       American Accounting Association, Proposed Statement of Responsibilities, United States, 2002, http://aaahq.org/surveys/sor.cfm
  6.       Cedillo, Rodolfo, “El Contador Público en el siglo XXI”, Contaduría Pública, Instituto Mexicano de Contadores Públicos, México, Mayo de 2002, Año 30, N° 357, p. 11; Ramírez Padilla, David Noel, “Disminución del Interés por Estudiar la Carrera de Contador Público”, Noti-ANFECA, Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Contaduría y Administración, A.C., México, Enero-Marzo 2002, N° 81, p. 10.
  7.       Pulido Macía, José Francisco, “El futuro de la Contaduría Pública”, Contaduría Pública, Instituto Mexicano de Contadores Públicos, México, Mayo de 2002, Año 30, N° 357, p. 54.
  8.       Peña Manrique, Ramón de la, “La creación del futuro y el cambio en educación”, Contaduría Pública, Instituto Mexicano de Contadores Públicos, México, Diciembre de 1999, Año 28, N° 328, p. 21.
  9.       Álvarez Argüelles, Roberto, “Ética y Educación”, Contaduría Pública, Instituto Mexicano de Contadores Públicos, México, Septiembre de 1999, Año 28, N° 325, p. 43.
  10.       Cuéllar Romo, Nicolás H., “Los retos en la enseñanza de la Contaduría Pública”, Contaduría Pública, Instituto Mexicano de Contadores Públicos, México, Mayo de 2002, Año 30, N° 357, pp. 51-52.
  11.       Fermoso, Julio, op cit, p. 135.
  12.       Idem, p. 130; G. Moore, Nicholas, “El cambio en la profesión”, Contaduría Pública, Instituto Mexicano de Contadores Públicos, México, Diciembre de 1999, Año 28, N° 328, pp. 14 ss.

 

 
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