Director de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac del Sur
Introducción
El principal propósito del Consejo Directivo es asegurar que los más
altos estándares de excelencia en gobierno corporativo se cumplan para
todos los stakeholders.
Un Consejo Directivo efectivo debe mejorar los resultados de las
organizaciones y al mismo tiempo velar por la integridad de las
acciones tomadas.
Con el cumplimiento más estricto de la regulación,
resulta de vital importancia que los directores (ejecutivos y
no-ejecutivos), conozcan a profundidad su rol, responsabilidades y
obligaciones legales y éticas. El papel de un director-no-ejecutivo va
más allá de los procedimientos regulatorios, y por esto, sus
habilidades deben ser generalistas y abarcar muchas áreas, de manera
que la empresa mantenga altos niveles de resultados y de gobierno
corporativo.
El gobierno corporativo de las empresas públicas y también de las
privadas no solo brinda transparencia a los inversionistas, sino que,
además, enriquece la labor administrativa y estratégica para generar
valor a la organización. Las instituciones gubernamentales y las no
lucrativas, de igual manera se potencian con las mejores prácticas de
gobierno corporativo.
Estos nuevos requerimientos mundiales sobre los directivos, implica una
formación actualizada y profesional. La capacitación continua de
actuales directores-no-ejecutivos y ejecutivos se ha concentrado
generalmente en temas de desarrollo regulatorio, funcionamiento del
comité de auditoría, responsabilidades fiduciarias, lectura de estados
financieros y finanzas para directores-no-ejecutivos, administración de
riesgos y estrategia.
Los avances
La tendencia para mejorar el gobierno corporativo proviene de las
autoridades privadas y públicas, así como de la academia y gremios
contables-financieros-legales. Se converge en los principios,
estándares y códigos de mejores prácticas. A nivel internacional esto
se traduce en un esfuerzo de los responsables involucrados en trabajar
sobre las diferencias entre leyes corporativas, estándares contables,
protección a inversionistas, códigos de mejores prácticas, y otros
aspectos relevantes.
Para la OCDE los principios de gobierno corporativo se dividen en cinco áreas:
• Derecho de los accionistas
• Tratamiento equitativo de los accionistas
• La función de los stakeholders
• Información y transparencia
• Las responsabilidades del consejo.
Las diversas encuestas a inversionistas, en general arrojan datos como
el hecho de que para América Latina, a la mitad de los accionistas les
importa el gobierno corporativo de las empresas aún más que el
resultado financiero que obtienen.
Algunas influyentes asociaciones como el Institute of International
Finance han elogiado recientemente los avances logrados en nuestro país
para mejorar nuestros gobiernos corporativos. Algunos de estos logros
tienen que ver con las mejoras en el tratamiento equitativo y derechos
de los accionistas minoritarios. Cabe señalar que al mismo tiempo de
reconocer estos logros, también se han señalado algunos pendientes
importantes que tienen que ver con la obligatoriedad de la rendición de
cuentas con transparencia, la responsabilidad de los
directores-no-ejecutivos y funcionarios de las empresas, y la
estructura de los consejos.
La teoría
La teoría agente-principal domina la investigación sobre el tema de
gobierno corporativo, (Tricker, 1994); sin embargo, otros estudios
sugieren que el modelo de gobierno corporativo derivado de la teoría
agente-principal (Jensen & Meckling, 1976), es limitada y está
enraizada en un contexto legal y de estructuras de propiedad de
corporaciones que se observan en pocos países, sobretodo en los
anglosajones (Bird & Wiersema, 1996:176; Charkman, 1994; Roe 1993),
por lo tanto hasta cierto punto inadecuado para explicar las
diferencias entre otros lugares (Pedersen & Thomsen, 1997).
Las relaciones entre agente-principal están sumergidas por la cultura y
las instituciones de cada país (Lubatkin, Lane, Collin y Very, 2001).
En Suecia se basan estas relaciones en la responsabilidad colectiva y
el cumplimiento voluntario; en Francia y México en el interés
individual de sus elites de poder y grupos de interés.
Claro está que en una organización no sólo las instituciones, cultura y
normas de su país aplican para las relaciones agente-principal, ya que
muy probablemente sus proveedores financieros, sus clientes y otros
stakeholders sean de países diversos al de la firma.
Otro importante factor a tomar en cuenta es la existente diversidad y
complejidad de formas de corporaciones, así como la concentración de
acciones en pocos o muchos dueños. (Es evidente que el caso mexicano es
uno de los de mayor concentración de acciones en pocas instituciones o
personas, y que esto es muy relevante para explicar el modelo de
gobierno corporativo que impera.)
Por estas diferencias culturales manifestadas en las estructuras de las
corporaciones, cualquier desarrollo de los modelos de gobierno
corporativo deberá balancear la independencia y la objetividad, con la
motivación y el compromiso de los ejecutivos.
La formación integral de los directores-no-ejecutivos
Mundialmente el tema de la capacitación de directores-no-ejecutivos
está acelerando los procesos de cambio en las estructuras
organizacionales. Un mejor Consejo Directivo, que sigue las mejores
prácticas internacionales de gobierno corporativo, no sólo deberá
brindar certeza a los inversionistas y al resto de los stakeholders,
sino que deberá agregar valor a la empresa a la cuál sirven, controlan
y representan ante los accionistas (todos los accionistas) y la
comunidad humana en general.
La formación técnica para directores-no-ejecutivos y en algunos países
las certificaciones de estos puestos están teniendo un crecimiento sin
precedente. Evidentemente, ahora no cualquiera está dispuesto a ocupar
un asiento en el Consejo, y desde luego la sociedad tampoco está
dispuesta a que cualquiera esté representando y controlando a una
empresa desde el Consejo Directivo. Se ha tomado consciencia mundial de
la enorme responsabilidad que tienen las empresas sobre la calidad de
vida de las ciudades en las que operan, y en general, en el enorme
impacto que tienen las decisiones humanas dentro de las organizaciones
sobre el bien común, es decir, el bien de cada persona humana.
Tan sólo en Estados Unidos, las universidades, los despachos contables
y legales y las autoridades regulatorias de la actividad económica y
financiera han diseñado y se encuentran impartiendo una enorme cantidad
de actualizaciones, cursos y recomendaciones a empresas privadas,
públicas, organizaciones no lucrativas, instituciones gubernamentales.
Algunos de los más activos son los siguientes:
• New York Stock Exchange Corporate Accountability and Listing Standards Committee
• Directors Institute on Corporate Governance
• Directors' Consortium at Stanford Law School
• Southern Methodist University Dedman School of Law Corporate Directors' Institute
• Directors' Education Institute at Duke University
• American Society of Corporate Secretaries
• Centre for Corporate Governance at Yale School of Management
• Corporate Governance Program at Darden Business School University of Virginia.
En Europa, el Reino Unido e Irlanda han tenido los mejores sistemas de
gobierno corporativo desde hace muchos años; aún así, cabe destacar la
labor realizada por el Institute of Directors de ambos lugares y su
coordinación con algunas de las mejores universidades en sus regiones
para continuar la formación actualizada de sus
directores-no-ejecutivos, quienes por cierto, se toman muy en serio su
papel de representantes ante la comunidad de las empresas y por la
misma razón, dedican sin escatimar tiempo y esfuerzo a su formación
personal.
Los temas que se estudian con mayor o menor profundidad en estos centros, incluyen:
• Actualización reglamentaria y legal.
• Desarrollos actuales en gobierno corporativo a nivel mundial.
• Nuevos pronunciamientos profesionales.
• Responsabilidades de los directores-no-ejecutivos
• Remuneración, financiamiento y endeudamiento para directores-no-ejecutivos.
• Contabilidad y reporte de responsabilidades de directores-no-ejecutivos y comités.
• Estrategia de negocios y Juntas de Consejo.
• Rol de los directores-no-ejecutivos en el mejoramiento de los resultados.
• Remuneraciones e incentivos ejecutivos.
Estas técnicas que no necesariamente son conocidas por todos los
directores-no-ejecutivos de las empresas, sin duda van creando la
columna vertebral para perfeccionar los sistemas administrativos que
conocemos hasta la fecha, y justamente por este motivo, resulta natural
pensar en la profesionalización de los cuadros de mayor liderazgo de
las organizaciones.
Quién desee en un futuro no muy lejano aspirar a ser “Consejero” en una
empresa o en cualquier tipo de organización, deberá ser un profesional
del Gobierno Corporativo en el sentido extenso del concepto; no solo de
las regulaciones y mejores prácticas corporativas, sino evidentemente
de las estrategias para generar mayor valor a todos los “stakeholders”,
y de manera muy particular velar sobre la integridad de las actividades
de las organizaciones.
Con esto no me refiero a las propuestas que algunas empresas, sobretodo
estadounidenses están haciendo al nombrar Chief Ethical Officers. No
pienso que se trate de nombrar vigilantes y escribir códigos de ética,
o de ser “legalistas” en la aplicación de códigos de prácticas
corporativas; un espacio para la creatividad y la confianza siempre es
la fuente del trabajo humano que aporta valor a las empresas y a la
comunidad.
Lo que es de llamar la atención, es el hecho de que en pocos programas
de capacitación o actualización, se incluya el estudio de la Ética.
En nuestros tiempos las firmas no solo producen cosas, sino que también
crean comunidades, por lo tanto generan formas de ser y de hacer. El
gobierno de estas organizaciones sin duda, requiere líderes integrales,
y la formación del líder integral pasa ineludiblemente por el profundo
estudio entre otras cosas, de la Ética; y no sólo de la Ética aplicada,
sino también de la Ética general y de la Ética social.
La verdadera administración del cambio, la que nos lleve a perfeccionar
nuestros sistemas organizacionales actuales y promueva la civilización
al multiplicar las inversiones, el trabajo, la riqueza, los accesos de
más personas a la propiedad privada, y la participación de más personas
en la gestión y toma de decisiones, debe basarse en la
profesionalización y la formación integral de los representantes de las
organizaciones ante la comunidad mundial.
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