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Una profesión respetada y respetable
lunes, 15 de agosto de 2005
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Una profesión respetada y respetable
Página 2
Socio Director, Despacho Freyssinier Morin, S.C.
 
Image Ante la pregunta sobre si somos una profesión respetada no me cabe duda de que todos responderíamos en sentido afirmativo, además, en la mayoría de los casos lo haríamos plenamente convencidos de ello.

Sin embargo, ante los ojos de los demás ¿realmente habría la misma respuesta? Por comentarios que he escuchado de empresarios y funcionarios públicos, así como por diversas publicaciones, la respuesta afirmativa definitivamente no parece ser generalizada. Es más, casi podría decir que se está poniendo en duda la objetividad de nuestra profesión independiente.

Aunque parezca un juego de palabras, pero para ser respetado hay que ser respetable; es decir, para ser sujeto de respeto debemos realizar acciones que sean dignas de ese respeto. Preguntémonos entonces si somos respetables. Nuevamente al unísono se escucharía una respuesta similar ¡desde luego que somos respetables!


Antes de continuar, debemos hacer algunas aclaraciones, pues quizás somos un tanto injustos en nuestras aseveraciones al hablar de una profesión como algo coherente y/o con una cabeza y un cuerpo visibles. Muchas veces pensamos que los miembros del Instituto Mexicano de Contadores Públicos somos la profesión de la Contaduría Pública. Ciertamente dentro de las firmas grandes y medianas se concentra un número muy importante de clientes que son las grandes empresas de nuestro país, tanto del sector público como del sector privado. Sin embargo, hay miles y miles de colegas que no son miembros del Instituto y muchos de ellos practican la profesión también en forma independiente.

Por otra parte, debemos considerar que la mayoría de los Contadores Públicos de nuestro país no practican la profesión en forma independiente, sino que son funcionarios o empleados de los sectores público y privado.

Consecuentemente, nos va a resultar difícil poder definir exactamente quién conforma a nuestra profesión. Vayamos por partes y en primer lugar comentemos sobre la profesión practicada en forma independiente, sin hacer un distingo entre cuántos de estos profesionales son miembros del Instituto Mexicano de Contadores Públicos y cuántos no lo son.

Hemos señalado en distintos foros, el grave problema en que se ha convertido la fijación de los honorarios profesionales por el servicio de auditoría de estados financieros, con su modalidad de auditoría para fines fiscales. El problema fundamental es que la auditoría de estados financieros y con fines fiscales no está siendo remunerada de acuerdo con lo que establece el Código de Ética Profesional: “el monto de la retribución económica que perciba el Contador Público ha de estar de acuerdo con la importancia de las laborales a desarrollar, el tiempo que a esa labor se destine y el grado de especialización requerida.”


Son múltiples las situaciones que se presentan en la vida real y que significan violaciones a esta disposición de nuestro Código de Ética. Por ejemplo, en las licitaciones públicas se presentan cotizaciones tan bajas que evidencian, sin lugar a duda, que no se hizo un estudio adecuado sobre el tiempo a invertir en la auditoría y el grado de especialización del personal requerido. En otros casos, con tal de obtener al cliente o de retenerlo, se está dispuesto a cobrar honorarios ridículos. Es también evidente la guerra de precios que se ha mantenido desde hace varios años, en donde las firmas están dispuestas a  arrebatarse los clientes entre sí, utilizando cotizaciones sumamente bajas.


Esta disposición de algunas firmas de aceptar trabajos a pesar de que prácticamente les están pagando con cacahuates, está siendo aprovechada por los demandantes de los servicios. Las disposiciones legales en el sentido de que se acepten las cotizaciones de servicios profesionales más bajas en el monto de honorarios, ha contribuido a esta guerra de precios y a afectar a la profesión en forma general.


Puedo seguir hablando de este problema y poner múltiples ejemplos del daño que nos hemos estado haciendo a nosotros mismos con estas políticas o posturas de bajos honorarios. Algunos dirán que gracias a la tecnología se ha reducido el tiempo de las auditorías; eso pudiera tener algo de verdad en el sentido de ciertas actividades de tipo masivo, sin embargo, la complejidad del mundo de los negocios y de la normatividad a la que estamos sujetos, provoca que ahora se tenga que invertir mucho tiempo por los altos niveles de personal y socios de las firmas, por lo que esos ahorros tecnológicos se agotan rápidamente. Otros dirán que estamos en un mercado de libre oferta y demanda. Esto es cierto, siempre y cuando se cumpla con la disposición anteriormente trascrita de nuestro Código de Ética. La normatividad profesional está por encima del mercantilismo.



 
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