La inclusión en su
espacio geoeconómico de 10 nuevos miembros, ocho de ellos previamente
con sistemas de planificación centralizada, en mayo de 2004, y la
expectativa de incluir otras naciones de Europa Oriental en el futuro
próximo, constituye una decisión congruente con el entorno globalizador
que se experimenta en el mundo.
Sin embargo, el reciente no de Francia
y Holanda a la adopción de una Constitución Europea vía el referéndum
popular y el diferimiento de este último en Gran Bretaña podría
cuestionar el avance de un proceso que se inició con la creación de la
Comunidad del Acero y el Carbón en 1957; incluso hay quien pone en tela
de juicio la validez de la integración económica y en Italia algunos
legisladores han planteado que su gobierno se desligue de la moneda
común europea: el euro: En este ámbito, cabe recordar que la Asamblea
Nacional de Francia votó con un no a la Comunidad Europea de Defensa en
1954.
En contra de los euro escépticos, cuyo número
aparentemente creció con el no a la Constitución, el Presidente de la
Comisión Europea, José Manuel Durat Barroso, ha exhortado a los
presidentes y jefes de gobierno de Europa a revertir el no y evitar que
las instituciones europeas “se refugien en la parálisis y mostrar que
la UE puede llevar adelante ahora más que nunca una respuesta eficaz a
sus preocupaciones recogiendo los desafíos del nuevo milenio”.
Se considera que el rechazo a la Constitución, más que una señal de
falta de confianza de la ciudadanía europea a esa Carta Magna por su
aparente inflexibilidad para la toma de decisiones y por las
limitaciones que impone para que los países comunitarios en lo
individual puedan tomar medidas por así convenir a sus intereses, está
vinculado al temor de que la aprobación de la Constitución desmantelará
el estado de bienestar del que gozan varias naciones de la UE. Dicho
estado, de por sí, se ha visto afectado por el lento crecimiento
económico de la euro zona en los últimos cuatro años (1.25% anual, en
promedio) y el incremento del desempleo, que en el periodo de
referencia pasó de 7.8 a 8.8%, aunque España y Alemania sobrepasaron
11.0 y 9.0% respectivamente. El rechazo a la Constitución, de alguna
forma, es un no al neoliberalismo y a la creación de una civilización
homogénea, conceptos que implícitamente llevan el riesgo de que se
vuelva al proteccionismo.
Por lo demás, los grupos de ultraderecha en los diferentes países de la
UE han visto a la Constitución como una amenaza al nacionalismo de los
países, pues el concepto de soberanía nacional tiene un gran valor en
varias economías de la UE. De igual forma, diferentes grupos de la UE
expresan su repudio al creciente poder adquirido por la burocracia
comunitaria de Bruselas al no aceptar la Constitución. Otra razón de la
no aceptación de la Constitución tiene que ver con actitudes
xenofóbicas hacia los 10 nuevos socios de la UE, a los que consideran
culpables del aumento de los delitos y de la pérdida de empleos en la
zona, incluso existen grupos que creen que la integración de Turquía a
la UE, en 2010, significará “el fin de Europa”. No obstante que parte
de Turquía está enclavada en Europa, muchos europeos la consideran del
Medio Oriente, con una cultura diferente. En general, es probable que
el revés a la Constitución pueda aplazar el ingreso de nuevos miembros
a la UE y establecer así reglas más estrictas para los mismos.
Diversos analistas han expresado que el no a la Constitución no
provocará una crisis en la UE, pero sí un retroceso en su integración
que la debilita frente a la hegemonía de EE.UU. La situación será más
compleja en el futuro, cuando el mundo, además de EE.UU., sea dominado
por China, India y Rusia. El director del diario francés Le Monde ha
expresado que “Europa necesita existir por sí misma; es evidente que la
estructuración de un mundo multipolar requerirá que trabaje
estrechamente con la Unión Americana, empero en una sociedad genuina y
no en la subordinación”. En este sentido, la Constitución Europea
garantiza la designación de un Ministro de Relaciones Exteriores, que
conduciría una política común de la UE y, adicionalmente, habría una
cláusula de defensa mutua para que la UE proteja a cualquier miembro
que sufra un ataque.
Eric Chaney, economista de Morgan Stanley, señala que el no a la
Constitución refleja un alto grado de descontento que podría llevar a
que diferentes gobiernos relajen su política fiscal, lo cual
debilitaría al euro y sería reforzado por la mayor incertidumbre
política a escala nacional.