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Recientemente, el sistema financiero mexicano sufrió múltiples cambios que tienen por objeto fortalecerlo y modernizarlo, pero sobre todo, hacerlo más eficiente y productivo en beneficio de los inversionistas y del público en general.
Estas modificaciones eran ya un imperativo, a la luz del proceso mundial de globalización económica y a la necesidad que tiene nuestro país de contar con instituciones financieras que fomenten y apoyen las actividades económicas. Un ejemplo de ello lo constituye la creación de la nueva figura jurídica financiera denominada Sociedad Financiera de Objeto Múltiple (sofom), a través de la cual se podrán efectuar en una sola empresa las operaciones que vienen efectuando las instituciones de arrendamiento financiero, de factoraje financiero y las sociedades financieras de objeto limitado (sofoles).
En efecto, a través de esta nueva figura se podrá gozar de las mismas ventajas que actualmente ofrecen estos tres tipos de instituciones, pero sin tener que obtener una autorización previa por parte de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y sin tener que apegarse a las regulaciones de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), siempre y cuando sean entidades no reguladas que representen una carga administrativa y financiera importante debido a la generación de reportes constantes que debe presentarse a dicha Comisión, costos de supervisión que se deben cubrir, etcétera. Como una particularidad, vale la pena mencionar que las instituciones que cuentan con autorización para realizar las actividades de arrendamiento, factoraje y de sofol, contarán con un periodo de transición de hasta siete años para adaptarse a las nuevas regulaciones en esta materia, sobre todo la financiera. |