El incremento en los precios durante 2006 tuvo un mayor impacto en el bolsillo de la población que percibe menos ingresos en México. Mientras que la inflación promedio fue de 4.05%, los bienes y servicios que adquirieron las familias con un ingreso de hasta un salario mínimo aumentaron en promedio 4.9%, de acuerdo con los registros del Banco de México (Banxico).
Por el contrario, los hogares con ingresos superiores a los seis salarios mínimos tuvieron una inflación de 3.8%. En consecuencia, las familias más desfavorecidas tuvieron una pérdida real en su poder de compra, ya que el aumento en los precios fue superior a 3.9% que subió el salario mínimo el año pasado. Dichos incrementos se explican principalmente por las alzas que registraron los alimentos. Esto, porque la población con menos ingresos destina una mayor proporción de su presupuesto en la compra de alimentos. En 2006, el salario mínimo mensual fue equivalente a mil 416 pesos, mientras que seis salarios sumaron 8 mil 500 pesos. En los hogares de escasos recursos el aumento en los precios de alimentos, bebidas y tabaco fue de 7.4%, contra 5.6% de los hogares con mejor posición económica. En la medida en que el ingreso de la población aumenta, también cambia su hábito de consumo; la proporción del gasto en alimentos y bebidas disminuye. La alimentación es el rubro al que se destina un mayor presupuesto en el hogar. Casi una tercera parte del gasto familiar total se dedica a la compra de víveres. Según el nivel de ingresos, 10% de los hogares más pobres gastan casi la mitad de su presupuesto en este rubro, mientras que en el extremo opuesto, en 10% de hogares más ricos este gasto absorbe sólo una quinta parte del total, de acuerdo con los datos más recientes del INEGI. Además, para este estrato de la población, el crecimiento de los precios en el rubro de muebles y enseres domésticos fue inferior al promedio nacional, con un encarecimiento de 2.9% el año pasado, un caso similar se presentó en la vivienda, salud, cuidado personal y transporte.
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