|
Los contadores educadores |
|
escrito por Francisco Javier Calleja Bernal
|
|
martes, 16 de enero de 2007 |
Cada generación tiene sus grandes contadores educadores; este artículo menciona algunos muy importantes que todavía están en el recuerdo de los profesionales que ejercen la contaduría. La lista comienza con Alejandro Prieto, quien fue profesor durante más de 50 años de su vida, desde el inicio de las actividades de la Escuela Bancaria y Comercial en 1929.
Pocos saben que este contador eminente no desdeñó el ser autodidacta y él, que enseñó a miles de alumnos los principios de la contabilidad, acreditó mediante examen el primer curso de contabilidad, pues lo aprendió fuera de las aulas. Contemporáneo pero muy diferente sería Luis Ruiz de Velasco, quien representa un caso único en la profesión de nuestro país. Contador y socio de un despacho habiendo estudiado de modo autodidacta la profesión, era uno de los raros casos de un hombre al que sus ideas literarias le servían constantemente; sus textos eran deliciosos por la precisión de las ideas contables, pero también por los planteamientos creativos de los aspectos técnicos más áridos. Eduardo M. Creel representa un caso único en la docencia mexicana y no sólo en la contable. Era un maestro por gusto; lamentablemente sus muchas responsabilidades lo alejaron al final de su vida de las aulas, pero quienes fueron sus alumnos recuerdan algunas de sus características excepcionales. Este recuerdo lo cierra Raúl Niño Álvarez, el maestro por antonomasia. Contador Público y maestro normalista, supo amalgamar ambas profesiones, de manera que sus clases eran un ejemplo de didáctica, llenas de trucos para que el alumno recordara con claridad cada tema. Quienes fueron sus alumnos y ahora imparten clase no pueden evitar el pensar cómo explicaría él o qué haría en el salón para dejar más claro el tema. Fue autor de un par de libros.
|